Mostrando entradas con la etiqueta Montaigne. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Montaigne. Mostrar todas las entradas

30/12/13

Montaigne, Castellio y el origen de Infojobs





















Los escritos de Castellio reaparecieron mucho después. Estuvieron olvidados durante decenios y en su tiempo, solo Montaigne se ocupa de él en una curiosa mezcla en la que aprovecha para quejarse del estado en el que han de verse hombres como Castellio y la manera de fomentar el intercambio de bienes y servicios que se parece mucho a lo que hoy hacemos en las redes electrónicas. Sea como fuere, parece ser la única mención a favor en vida del teólogo disidente. Luego, una vez muerto fue enterrado en loor de multitudes.

Dice Montaigne en el capítulo  XXXIV de sus Ensayos

“De un vacío en nuestros usos públicos.
Mi difunto padre (que era hombre de juicio claro para no ayudarse sino de la experiencia natural) me habló hace tiempo de su deseo de ver establecido en las ciudades un lugar al cual pudieran acudir los que tuvieran necesidad de alguna cosa, y donde un empleado puesto al efecto registrase el asunto de que se tratara; por ejemplo, tal individuo quiere vender perlas, tal otro quiere comprar; tal persona desea compañía para ir a París; tal otra busca un servidor de ésta o de aquella condición; otro busca un amo; tal necesita un obrero; en fin, quiénes unas cosas, quiénes otras, cada cual según sus necesidades. Es probable que este medio de ponernos al corriente proporcionaría alguna ventaja al bienestar público, pues en toda ocasión hay cosas que se desean y por falta de comunicación se ven muchas gentes en la necesidad más extrema.

No puedo menos de recordar con vergüenza para nuestro siglo que a nuestra vista muchos excelentísimos personajes en ciencia por no tener que comer: Lilio Gregorio Giraldo, en Italia, Sebastián Castellón (Castellio), en Alemania, y creo que existen miles de personas que los hubieran acomodado en condiciones muy ventajosas, o socorrido en las ciudades mismas donde se encontraban, de haber conocido su situación. El mundo no está tan universalmente corrompido; yo conozco alguien que desearía muy vivamente que los medios que los suyos le pusieron en las manos pudieran emplearse a tenor de los intereses de que goza, mientras a la fortuna plazca conservárselos, en poner al abrigo de la necesidad a los hombres singulares y notables en cualquier clase de saber y valer, a quienes la desdicha combate a veces hasta el último límite; esa persona   -175-   les procuraría facilidades en las tenebreces de la vida, con las cuales, de ser razonables, se conformarían”...

6/4/13

Los atlantes no sueñan


"No tengo por que quejarme de mi fantasía: durante el transcurso de mi vida, pocos pensamientos me asaltaron que perturbaran ni siquiera el curso de mi sueño, si no es algunos de deseo, que me despertaron sin afligirme. Sueño rara vez, y, cuando tal me acontece es con cosas quiméricas y fantásticas, emanadas comúnmente de pensamientos gratos, más bien ridículos que tristes. Tengo por verdadero que los sueños son intérpretes leales de nuestras inclinaciones, pero por cosa de artificio el interpretarlos y el descifrarlos:

Las cosas que llenan la vida de los hombres, aquellas en que piensan, por las que se interesan, las que ven y ejecutan durante la vigilia, las que de inquietud los llenan, todas, en suma, de ningún modo debe admirarnos que soñando se nos muestren. CICERÓN, de Divinat., I, 22.



Platón va más allá, diciendo que es deber de la prudencia el deducir de ellos adivinadoras instrucciones para lo venidero: nada de esto se me alcanza, si no es las maravillosas experiencias que Sócrates, Jenofonte y Aristóteles, personajes todos de autoridad irreprochable, nos refieren en este particular. Cuentan las historias que los atlantes no sueñan nunca, y que tampoco comen nada que haya la muerte recibido, lo cual apunto aquí por ser acaso la razón de que dejen de soñar, pues sabemos que Pitágoras designaba alimentos determinados para tener sueños ex profeso. Los míos son blandos, y no me procuran ninguna agitación corporal, ni me hacen hablar en alta voz. Algunos vi quienes maravillosamente agitaban: Teón, el filósofo, se paseaba soñando, y al criado de Pericles le hacían encaramar los sueños por los tejados y lo más prominente de la casa".

Ensayos
De la experiencia
Michael de Montaigne



24/6/12

Por si algo quedare, un punto de vista griego


…”El gracioso diálogo del legislador con sus conciudadanos honrará este pasaje: «¡Pues qué! ¿No podemos disponer de aquello que nos pertenece para quien nos plazca? ¡Oh Dioses, qué crueldad! ¡Que no nos esté permitido darles a los nuestros más o menos a nuestro antojo, según nos hayan servido en las enfermedades, en la vejez, en las tareas». El legislador les responde con estas palabras: «Amigos míos que vais sin duda a morir pronto, es difícil que os conozcáis a vosotros mismos y que conozcáis lo que os pertenece, de acuerdo con la inscripción délfica. Yo que hago las leyes considero que ni vosotros os pertenecéis, ni es vuestro aquello que poseéis. Tanto vuestros bienes como vosotros pertenecéis a vuestra familia, a la pasada y a la futura. Pero, más aún, vuestra familia y vuestros bienes pertenecen a la comunidad. Por ello, si algún adulador, en vuestra vejez o en vuestra enfermedad, o alguna pasión, os requiere importunamente a hacer un testamento injusto, os lo impediré. Pero atendiendo al interés general de la ciudad y al de vuestra familia, estableceré leyes para que la convivencia particular deba ceder a la común. Partid alegremente allí donde la necesidad humana os llame Me atañe a mí, que no miro más una cosa que la otra, que en la medida de mis fuerzas me ocupo de lo general, cuidar de lo que vosotros dejéis»”.  

Platón, Leyes XI citado por Montaigne en 
«El amor de los padres a los hijos» de Los ensayos

15/11/11

Aguirre o la instrucción

"La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha puesto de manifiesto la diferencia entre la educación y la instrucción y ha señalado que la primera es competencia de la familia y la segunda de los poderes públicos."
Expasión  EP.

"Qui ne voit qu'en un estat tout dépend de son education et nourriture? et cependant, sans aucune discretion, on la laisse à la mercy des parens, tant fols et meschans qu'ils soient. Entre autres choses, combien de fois m'a-il prins envie, passant par nos rues, de dresser une farce, pour venger des garçonnetz que je voyoy escorcher, assommer et meurtrir à quelque pere ou mere furieux et forcenez de colere'Vous leur voyez sortir le feu et la rage des yeux,..."
Montaigne, Michel Eyquem
Les Essais  Ed. P. Villey et Saulnier, Verdun L pág 714

13/8/09

Montaigne y el olvido



Una historia acerca de cualquier aspecto del pensamiento tiene que pasar por Montaigne. Imposible esquivarlo. Harlad Weinrich escribió hace diez años Leteo, arte y crítica del olvido. El repaso por el recuerdo y su negación es formidable y ameno, aunque en un balance final parece ganar el primero respecto del segundo. Cuando Weinrich Llega a Montaigne, se centra en el ensayo dedicado a La educación de los niños y concluye que el olvido está implícito en su crítica de la memoria y “pronto saldrá explícitamente a la luz en la historia de la cultura".

Weinririch. Pasa por alto (¿olvida?) el capítulo IX del libro I. Los mentirosos

"A nadie le cuadra menos ponerse a hablar sobre la memoria. En efecto, casi no reconozco traza alguna de ella en mí, y no creo que haya otra en el mundo tan extraordinaria en flaqueza. Mis restantes características son viles y comunes, pero en esta creo ser singular y rarísimo, y digno de adquirir nombre y reputación. Además del inconveniente natural que sufro por este motivo, pues ciertamente, dado lo necesaria que es, Platón tiene razón cuando la llama grande y poderosa divinidad. Si en mi país se dice que un hombre carece de juicio, se dice que no tiene memoria, y cuando me quejo del defecto de la mía, me riñen y no me creen, como si me acusara de ser insensato. No ven la diferencia entre memoria y entendimiento."


Montaigne continúa hablando de la memoria y el olvido y en un momento determinado, hablando de las ventajas de no recordar, dice:

"En segundo lugar, porque me acuerdo menos de las ofensas recibidas, como decía aquel antiguo. Necesitaría un protocolo, como Darío, quien para no olvidar la ofensa que le habían inflingido los atenienses mandó que, cada vez que se sentara a la mesa, un paje le repitiera tres veces al oído: 'Majestad, acordaos de los atenienses.' Y porque los parajes y los libros que vuelvo a ver me sonríen siempre como una fresca novedad."


Como Weinririch es hombre de cátedra se fija más en la educación que en el sentimiento y llegando a Montaigne no engarza. Explica bien cómo a partir del alcalde de Burdeos la mnemotécnica cede a favor de la comprensión, pero no muestra el alma de quien echa de menos la memoria.

En la imagen, el texto original que media, aproximadamente, entre los reproducidos.
(Oxford Univ. Montainge Project )

24/4/09

Panofsky, Erwin Panofsky

Viendo el retablo mayor de la Catedral de Sevilla eché de menos un lector de libros electrónicos; aunque luego me di cuenta de que no hubiera encontrado el título que buscaba. Seguro. El caso es que no se puede viajar arrastrando un carro lleno de libros y que la memoria, ahora más que antes, es una pura cochambre. Lo poco que tuve, está todo revuelto, mezclado y me temo que, a despecho de James Bond, también agitado.

A lo que iba: frente al altar, me pasó por la cabeza un artículo de Panofsky que esta tarde he encontrado en el libro Sobre el estilo. Son unas pocas páginas muy bien ilustradas en las que se aclaran algunos conceptos básicos del periodo y se fijan puntos de referencia muy útiles. Yo recordaba sobre todo este arranque. Tenía una idea vaga y ha sido un gusto volver a leerlo, incluida la nota del compilador que añade al texto un aire de biblioteca para estudiosos.

"Los lógicos escolásticos tardíos idearon divertidos apoyos para la memoria, mediante los cuales se podían recordar las muchas formas o figuras de silogismo (conclusiones a partir de una premisa mayor y menor). Estos recursos mnemotécnicos consistían en palabras de tres sílabas, en parte reales y en parte creadas con este propósito. Cada sílaba representaba una de las tres proposiciones, y las vocales dentro de aquéllas significaban el carácter de estas proposiciones. La vocal a, por ejemplo, denotaba una relación general y positiva; la vocal o, una parcial y negativa. Así el agradable nombre Barbara, con sus tres a, designaba un silogismo que consistía en tres proposiciones generales y positivas (por ejemplo: «Todos los hombres son mortales; todos los seres mortales precisan de alimento; en consecuencia todos los hombres precisan de alimento»). Y para un silogismo consistente en una proposición general y positiva y dos parciales y negativas (por ejemplo: «todos los gatos tienen bigotes; algunos animales no tienen bigotes; en consecuencia algunos animales no son gatos») fue acuñada la palabra Baraca, que contiene una a y dos a. Fuese la palabra misma, o la manera peculiarmente indirecta de ejercitar el pensamiento que denotaba, o ambas a la vez, debieron de haber parecido a las generaciones posteriores particularmente graciosas y características del formalismo pedante, que rechazaban en el pensamiento medieval; y cuando los escritores humanistas, incluido Montaigne, querían ridiculizar a un poco mundano y estéril pedante, le reprochaban tener su cabeza llena de «Barbara y Baroco», etc. Fue así como la palabra Baraca (Baroque en inglés y francés) vino a significar cualquier cosa en extremo abstrusa, oscura, fantástica e inútil (como ocurre hoy en muchos círculos con la palabra intelectual)."

• El lector debe tener presente que el texto que aquí se reproduce es el mecanografiado de una conferencia (versión 4, véase pág. 30, nota 13), que no ha sido cuidadosamente editado por el autor y que está entremezclado con breves notas manuscritas, y a veces indescifrables, correcciones, e indicaciones de diapositivas (a las que corresponden las ilustraciones). He efectuado algunas enmiendas menores con vistas a asegurar la inteligibilidad, y añadido algunas notas explicatorias. En algunos casos las atribuciones comúnmente aceptadas de las obras de arte han cambiado, y he dado las identificaciones modernas. (N. del comp.)

• Una nota de mi cosecha, bastante menos sesudas: (la nota y la cosecha.) No sé si lo he dicho. La ginebra que bebe el último James Bond es agua de colonia. Un personaje así no debería permitirse este cóctel para adolescentes.

22/9/08

Gastos de transporte

Aquí, un ex-ministro de Pompidou y Giscard calificando la desconfianza en los negocios como una “visión arcaica” y sujetando, de pasada, tal afirmación en Montaigne.

"La pauta es idéntica en el siglo XV, con Jean Gerson: “Vender una cosa más cara de lo que se la compró –si la utilidad va más allá de las dificultades y peligros o mejoras que justifiquen una indemnización- debe ser considerada una falta; y la falta es aún más grave si. Cometiéndola se aprovecha uno de la necesidad del prójimo”. La cuestión del riesgo comercial –gastos de transporte, peligros eventuales- es, pues, tomada en cuenta. Pero la necesidad del comprador no autoriza al vendedor a elevar su precio. Se percibe una economía oprimida por la angustia permanente de verse privado de lo necesario. El negociante de trigo no debe especular manteniendo las ciudades a merced de sus necesidades…

Al decretar estos severos preceptos la Iglesia no hacía sino expresar y teorizar la suspicacia de las mentalidades (sic) frente al comercio.

Una suspicacia de tal intensidad que incluso un espíritu libre como el de Montaigne se inspira en ella. Por una vez (una vez no hace costumbre) desecha todo matiz y en un capítulo célebre de sus ensayos: “El provecho de uno es el perjuicio del otro”. “Sólo se obtiene provecho en perjuicio del otro (…) El mercader debe la ventura de sus negocios al desenfrenó de la juventud; el labrador a la carestía del trigo: el arquitecto, a la ruina de las casas…”

Montaigne evita pronuncia condenación alguna, pero en pleno siglo XVI manifiesta el predominio de un comportamiento surgido de la economía de la subsistencia e la que el progreso de uno se vincula a la regresión del otro (…)

Esta visión arcaica seguirá ampliándose desde Montaigne a Marx. No hay socios, sólo adversarios. La relación económica es un antagonismo y no una sinergia. Estamos en plena sociedad de la desconfianza."

La sociedad de la desconfianza

Alain Peyrefitte


7/9/08

Hablando del Rey de Roma

"Como saben los escritores de textos publicitarios, si un escritor deja una palabra o una oración sin acabar, los lectores se sienten tentados a echarle una mano y así implicarse más profundamente en el texto de lo que habrían hecho en otro caso. Montaigne, que evitaba la retórica formal, era tan consciente de los efectos de su escritura en los lectores como un retórico profesional. Su retórica de rechazar la retórica le ayudó a hacer su contribución al arte del diálogo."

Leer completo: Montaigne y el arte del diálogo | abc.es | ABCD:

6/9/08

El nombre de las personas

Querido L:

Me llamó la atención que recordaras algo de lo que habíamos hablado hace tanto: la importancia de que determinadas personas conozcan el nombre de otras. He estado buscando por ahí para acabar donde siempre. Montainge tenía un nombre. Se lo construyó siendo íntegro pero antes se aseguró de que fuera sonoro: olvidó el Eyquem de su padre porque no era musical. Podía haber elegido el apellido de su bisabuelo, López de Villanueva; sin embargo los antepasados aragoneses, judíos y quemados en la hoguera tampoco resultaban muy apropiados. Un hombre de la reputación de Montaigne pudo decirle al Rey: "Yo no he recibido jamás ninguna generosidad por parte de los reyes, que no he pedido ni merecido, ni he recibido paga alguna por los pasos que he dado en su servicio. (...) Soy, Sire, tan rico como me imagino". Un hombre de la reputación de Montaigne no olvidó, consciente o inconscientemente, qué hizo para conseguir que su apellido fuera recordado por los demás:

“Se dice que es bueno tener un buen nombre, es decir, crédito y reputación; pero también, a decir verdad, es ventajoso un nombre fácil de decir y de recordar, pues los reyes y los grandes nos conocen más fácilmente y nos olvidan con menor frecuencia; y aún entre quienes nos sirven acostumbramos a mandar y emplear más a aquéllos cuyos nombres se nos presentan más fáciles a la lengua. He visto cómo el Rey Enrique II era incapaz de nombrar de manera correcta a un gentilhombre de esta región de Gascuña; y, a una hija de la reina, tuvo él mismo la idea de darle el nombre general de la estirpe, porque el de la familia paterna le pareció demasiado desagradable. Y Sócrates estima digno de preocupación paterna dar un nombre hermoso a los hijos.”


Montaigne. Ensayos. Libro I capítulo XLVI

Un saludo,

8/4/08

La sombra del objeto

"A los hombres les atormentan las opiniones sobre las cosas, no las cosas mismas."

Epicteto
Ensayos Montaigne

6/4/08

Fecha tras fecha

La lucha de Montaigne por conservar su libertad interior, quizás la lucha más consciente y tenaz que jamás haya librado el hombre, no tiene, ni externamente, la más pequeña sombra de tragedia o de heroísmo.
Stefan Zweig
Montaigne
Cuando leí El mundo de ayer tuve la impresión de que Stefan Zwieg era capaz de anteponer su individualidad a cualquier cosa. Cruzando ríos helados, dejando atrás casas, países y amigos, Zweig parecía, al menos en aquel libro, no dar importancia al horror que le perseguía. Distante y sereno, describe la Europa que le tocó vivir de forma tal que todo a su alrededor resulta circunstancia.
Por eso, leyendo ahora estas páginas suyas sobre los Ensayos de Montaigne me llama poderosamente la atención cómo, meses antes de quitarse la vida, arremete contra el siglo sin piedad. No le faltaban razones. Tampoco elegancia, porque lo que propone Zweig no es el lamento de los lamentos, sino una historia comparada. A cada cual su tiempo. A cada quien sus tormentos. Tal vez la cita que abre esta entrada explique la elegancia del autor vienés. Hablando de la dedicación de Montaigne, escribe:

"¿Cómo sustraerme a las exigencias que el Estado o la Iglesia o la Política me quieren imponer contra mi voluntad? ¿Cómo defenderme para no ir en mis palabras y acciones más allá de donde mi yo más íntimo quiere llegar?"

Dice algo antes,
"La autentica tragedia en la vida de Montaigne consistió en tener que ser testigo impotente de esta horrible recaída del humanismo en la bestialidad, uno de esos esporádicos arrebatos de locura de la humanidad como el que vivimos hoy de nuevo."
*
"Y apenas el chico se ha hecho mayor, estalla la guerra civil que asola Francia con sus ideologías fanáticas tanto como hoy los fanatismos sociales y nacionales asolan el mundo de un extremo a otro. La Chambre Ardente ordena quemar a los protestantes. La noche de san Bartolomé extermina ocho mil personas en un día. Los hugonotes, pos su parte, devuelven crimen por crimen, saña por saña, barbarie por barbarie, asaltan iglesias, destruyen estatuas, la obcecación no concede paz siquiera a los muertos y las tumbas de Ricardo Corazón de León y de Guillermo el Conquistador son profanadas y saqueadas."
Esto sucedía en 1572. En 1527, las tropas de Carlos V habían entrado en el Vaticano profanando la de san Pablo. El saco de Roma de André Chastel es el relato de un campaña en la que las huestes del católico Emperador, mandadas por un Borbón, entran en san Pedro como en Sodoma. Y así ad infinitum. Cualquier tiempo pasado es tan terrible como el nuestro. Y nosotros -no todos- aún tenemos suerte.
Zwieg no llegó a terminar su Montaigne; Se suicidó en 1942.

2/12/07

Cito de memoria

Una tarde de agosto de 1997, sentado a la sombra de un castaño de indias, junto a las ruinas de la última residencia real francesa, buscaba amparo en las palabras de Montaigne. Mucho tiempo antes, encontré en sus Ensayos una frase de imposible cumplimiento: Morir sin necesitar a nadie y sin que nadie te necesite. No la olvido. También aquel día, mientras en una casa cercana alguien tocaba al piano una canción de Aznavour, encontré lo que buscaba. Como en tantas ocasiones, era algo que uno ya sabe, pero que debe leer en letra impresa y a ser posible en los Ensayos: No trates los asuntos de tus clientes como si fueran tuyos.

Me viene esto a la memoria leyendo la reseña de Félix de Azúa sobre la publicación en Acantilado del texto completo.

15/9/07

La queja





En cuanto a la educación: Las quejas de Fumaroli hacen mirar hacia atrás, hacia otras quejas. Elija el lector cualquier momento de la historia: contemporánea, moderna o clásica. Da lo mismo. Siempre se encontrará con lo mismo: la queja. Ahora es la educación para la ciudadanía, los cuatro suspensos, la falta de la religión, más asignaturas prácticas, que los niños franceses se levanten cuando entra el profesor, que ejerciten la memoria, falta esto, sobra lo otro.

Sólo dos ejemplos:

Parecidos razonables
Hace 162 años, en el Real Decreto aprobando el Plan General de estudios de 17 de septiembre de 1845 ya se lee: "En lo antiguo fijaba casi exclusivamente la atención el estudio del latín, que con algunos conocimientos de filosofía escolástica venía a constituir nuestra segunda enseñanza. Echáronse luego de menos las ciencias exactas y naturales, cuyo abandono ha sido tan funesto a la industria española; y después de varios ensayos hechos con no muy feliz éxito, cayose en el extremo contrario, abandonándose casi del todo el estudio de las humanidades y pretendiendo convertir a los niños puramente en físicos y matemáticos. ¿Qué ha resultado de aquí? Sin conseguirse lo último, se han perdido los estudios clásicos y nuestra literatura actual se resiente, por desgracia, de tan fatal abandono."


Al final, el asunto es siempre el mismo.
Hace cien años más o menos. No creo que para Fumaroli el ejemplo de Paul Morand sea sospechoso. “La filosofía de mi juventud no era sino el anexo de un triste hospital psiquiátrico; la geografía sólo me ofrecía un catálogo de golfos e islas, un repertorio de cimas y ríos, un inventario de picos tan pelados como los montes de la Luna… En cuanto a la Historia, sus cortes artificiales, sus famosos giros, la división arbitraria de sus reinos me impedían ver en ella otra cosa que batallas o tratados destinados a preparar nuevas batallas. Lo que más me llama la atención, mirando retrospectivamente, son las omisiones raras, quizás tendenciosas, de las primeras enseñanzas que recibí. Me ocultaban la prehistoria, la Biblia, Bizancio, China, Extremo Oriente, Estados Unidos, Rusia, las religiones, la música; salí del instituto sin conocer los nombres ni los periplos de los viajeros ilustres, ignorándolo todo sobre la geografía económica, la historia del Arte, la bioquímica, la astronomía; sin haber leído a Montaigne, ni a Victor Hugo, ni a Baudelaire, ni a los poetas Luis XIII, ni a Dante si a Shakespeare, ni a los románticos alemanes, etc… ¿Quién era responsable de esas lagunas ubuescas que la vida no pudo subsanar, de esa enseñanza mediocre, encasillada entre la reválida y la agregación, de ese paisaje lleno de agujeros en el que yo andaba a la pata coja: los programas, los profesores o mi falta de aplicación e inteligencia?”
El asunto es ése, el final de la pregunta. La aplicación y la inteligencia. Respecto de la segunda uno puede haber nacido más o menos provisto. En cuanto a la primera, no hay excusas.

Hay un librito de Robert Hughes que se llama precisamente así, La cultura de la queja. Recomendable. Y por si todo esto resulta demasiado plúmbeo y en cuanto a la aplicación se refiere, un poco de humor nunca viene mal.

16/11/05

Atisbos II

Hace ya un tiempo le pregunté a S.O., un parisino de los que describe Gambeta hablando de la nueva couche, por qué la filosofía francesa había dejado de dar respuestas. S.O., que es un tipo cauto, me dijo que tal vez estábamos en el tiempo de las preguntas. Puede ser. Yo me estaba refiriendo a Baudrillard y compañía a quienes había leído durante los últimos años, primero con avidez y luego con desgana, esperando encontrar respuestas francesas a preguntas europeas. Al final me di cuenta de que, en realidad, estaba frente a un conjunto de síntomas y no de soluciones. La filosofía, el ensayo se habían convertido en una especie de sociología a posteriori, mezclada con una pizca de escritura poética. No quedaba nada de Montaigne. No quedaba nada de nada. Todo eran constataciones o, a lo sumo, profecías de medio pelo sin atisbo de solución.

29/4/05

cualquier 29 de abril

La ciudad ha cambiado. Atravesamos París perseguidos por la primavera camino del antiguo comedor de caridad. T.C. acelera como los caballos cuando huelen su cuadra y en vez de usar el peripherique conduce por el centro con las ventanillas abiertas. Cruzamos a la orilla derecha por el Pont Royal mientras atardece. la última hora ilumina el pabellon de Flore. Todo es un poco manido pero a la vez tan agradable...
Después de descargar T.C. me deja en casa. Llamo a A.I. pero no está: aprés le bip. Y luego hago esto: echo mano a los diarios que hay en la estantería. No tengo gran cosa, pero quiero ver cómo vivieron otros un veintinueve de abril cualquiera.
A mano tengo el mío de 1993 que dice: Fin de la dulcísima gripe que ayuda a leer novelas. Una refrencia de Romera a Montaigne que me escama: dice que hay gente que lo cita y que Montaigne se reiría del apego a la actualidad de quien lo hace.

27/4/05

Compresores II y III

Del compresor II no queda rastro iconográfico. Sí algo de literatura y una impresión colectiva asociada a las hazañas de Miguel Indurain. En mitad de la ascensión al puerto de Alpe Duez - pongamos por caso- Telecinco insertaba la publicidad en la que una chica tipo busco a Jacks acariciaba un compresor. -¿Te gusta el compresor? Preguntaba impúdicamente. No es difícil recrear la imagen, pero resulta más excitante pensar que es imposible recuperarla tal cual era. Cumpliendo una de las máximas del teatro, la modelo hacía un breve gesto sobre el aparato mientras declamaba su frase: acción durante el monólogo.

El tercero, el que trae a la memoria los anteriores, es éste del que hablé al principio y que no puede objetivarse como quisiera. Su enclave, el punto de vista de quien lo mira, lo hacen subjetivo, a pesar de que la pretensión -imposible por otra parte- es la contraria. Hablar del compresor sin más, de la máquina en reposo, del prisma amarillo cuyo última cara apenas se refleja en el charco, no resulta neutro. Nada resulta neutro.
R.T. me llama al móvil. Nos vamos ya. Tenemos que pasar por Candem a recoger las últimas cosas y embarcamos camino de casa. Tengo que comprar un salero.

11/4/05

Una frase en un dintel

No puede decirse que R.T. ronque, pero sí que su respiración se parece a la de Darth Vader. Son las cuatro de la madrugada. Me visto encima del pijama y bajo a la estación de tren. El hotel está justo al lado. Me gustan las estaciones, no al estilo de Sebald en Austerlitz o de Robert Walser, Uno las describe desde la arquitectura y el otro lo hace como si estuviera escribiendo una redacción infantil: Es gracioso -dice- merodear por las estaciones y poder contemplar a tus anchas a los viajeros que llegan y se van. (¿A qué se refiere Walser con gracioso?) A cuántos pobres y míseros diablos no les gustaría hacerlo, pues se trata de un placer que nada cuesta. Hay en ambos una necesidad de contar de principio a fin (por mucho que de Walser se preconice la ambición de "fabricar cosas pequeñas"). Pero el Todo, sea infinito o diminuto, ya está enterrado hace tiempo con la pala de lo fragmentario. Resulta dificilísimo entender a estas alturas a alguien que quiera contar algo con vocación de totalidad. A mí, por lo menos, me cuesta mucho.

Creo que se nota demasiado que son las cuatro de la mañana.

Hay un TGV en la vía. las puertas de los coches están abiertas, entro un instante en uno: desde un comparimento veo el reflejo de la luz del tren en las vías y me acuerdo de una frase de Montaigne que, al parecer, hizo tallar en el dintel de la puerta de su dormitorio; dice más o menos: me gustaría morir sin necesitar a nadie y sin que nadie me necesitara.


Voy a ver si Dar Vader ha vuelto del lado oscuro.

10/4/05

El esfuerzo de la concepción

He oído excusarse a algunos por no poder expresarse fingiendo tener la cabeza llena de muchas cosas hermosas, mas imposibles de demostrar por falta de elocuencia. Es un engaño. ¿Sabéis qué creo yo que es? Sombras que les vienen de algunos conceptos informes que no pueden desenredar ni esclarecer en su interior, ni por consiguiente sacar a la luz exterior: ni siquiera ellos mismos se entienden. Y vedles sólo tartamudear a punto del alumbramiento, pensaréis que su esfuerzo no pertence al parto sino a la concepción y que no hacen sino lamer esa materia imperfecta. Yo por mi parte, mantengo, y Sócrates lo asegura, que quien tiene en la mente una idea viva y clara, la expresará ya sea en bergamasco, ya sea con gestos si es mudo.
Michel de Montaigne. Alcalde de Burdeos.