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1/9/14

Mudanzas

A partir de septiembre Passy en invierno se muda a Word Press. Los contenidos de estos 9 años siguen abiertos aquí  en muda a  os de estos primeros 9 años siguen abiertos aquessmismo. Puedes ver las nuevas entradas y una página más completa en http://www.leache.eu/blog/

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1/8/14

el MAN con tapones



















Del Museo Arqueológico Nacional lo mejor es el acrónimo. Para sí lo quisiera le Musée de
l´Homme en Paris. La remodelación del M A N no ha evitado que siga siendo un lugar anodino, poco atractivo, en el que el visitante recorre vitrinas tan  pesadas como aquellas del parisino Museo del Hombre, ahora y hasta 2015 en obras. Será el espíritu de los tiempos o la calificación de bien de interés cultural del edificio pero la impronta es tan academicista que la visita se parece mucho a la lectura de aquellos libros de historia en los que uno, en el marasmo infantil, debía hacer un enorme esfuerzo por distinguir  a los hititas de los sumerios. La falta de gracia de las salas ha de ser compensada de alguna forma. Tal ve la disposición de las obras, la forma de contar la historia o incluso la revisión de los objetos expuestos.

Las salas antiguas del British o las de la Biblioteca Nacional Española tienen el encanto de lo perdurable, de la exquisitez de lo museístico. El museo de Quai Branly, del criticado Jean Nouvel, hacen de la antropología un asunto emocionante para quien se acerca con un mínimo interés. En el M A N uno tiende a quedarse más bien frío porque incluso la contemplación de una vasija , una escultura o cualquier otra pieza concreta se ve acompañada de unas condiciones muy poco propicias. Antiguas podríamos decir.

El edificio tampoco es muy buen anfitrión para el visitante: la planta baja del M A N está concebida de tal forma que el mostrador de información pasa casi desapercibido,  En la taquilla –atendida por un solo trabajador- más de 10 personas equivalen a una cola amorfa e ingobernable y si uno quiere visitar la exposición temporal ha de volver hacia atrás siguiendo indicaciones confusas y poco lógicas.


Queda, de todas formas, el ejercicio de la abstracción. Apartarse de todo y mirar cualquiera de las maravillas que pueden verse en el museo. A no ser, claro, que un padre de familia aparezca al otro lado de la sala, explicado a sus vástagos y a su cónyuge, que tanatos significa muerte y que por eso los tanatorios y que tenemos que ir a Grecia y que os acordáis cuando estuvimos en Egipto y ahora veremos las momias y cuánto grita usted y menos mal que llevo en el bolsillo los tapones que uso para viajar en el Alvia.

26/7/14

Quintanilla de la Cueza



















De los tres pueblos junto al río Cueza, Quintanilla es el más pequeño. Me desvío  y dejo a la izquierda 2 palomares de planta circular y 2 de planta cuadrada.  Subo hasta la que creo que es la iglesia. Es en realidad una torre exenta que corona el caserío. Ahora sí veo la iglesia, algo más abajo. Es un paseo corto. Cerrada. La chiesa è chiusa? Aprendí a decir en italiano hace muchos años. Aquí, ni siquiera hay a quién preguntar, aunque ahora que me he detenido oigo un sonido rítmico, así que camino hacia el lugar de donde proviene. Enseguida me encuentro frente a un grupo que no distingo bien de momento. Me acerco al ritmo de un martillo. Supongo que me observan. No hay nadie más. Se escucha además el sonido de un transistor.  Está colocado en el alféizar de una ventana. A la sombra, una mujer y un hombre de edad avanzada. Al otro lado de la calle, al sol, sobre el andamio, un muchacho arregla el tejadillo de un patio. El que parece ser el capataz, lo mira desde abajo. Entablo conversación con los mayores. Así puedo saber que arreglan la casa que han comprado a los curas, que Quintanilla de la Cueza tiene hoy 7 habitantes y que el retablo que quería ver se lo llevó el arzobispo a Palencia, por miedo a las goteras.

 –María-. Dice él.  –Enséñale la casa a este hombre-. Él trabajó hasta los 55 en Bilbao, en el metal. Con la desindustrialización se prejubiló. Solo vienen de vacaciones porque el pueblo es muy triste. Ella abre una por una las puertas de todas las habitaciones, los aseos, la despensa, la cocina y  una recocina con una especie de cama hecha de ladrillo que puede calentarse haciendo fuego debajo.

 -Aquí dormía mi madre la siesta. Bien caliente–. Luego se queda un momento parada, suspira y dice: -No se qué me da que empiece el año, con lo mala que está fulanita-.

En el patio, su marido guarda un Seat Málaga que los hijos no le dejan que conduzca ni siquiera hasta Carrión de los Condes. Injection, pone en los laterales.

–¡Nos vamos a comer!-. Grita desde la calle el capataz.
-¡Yo no!-. Replica el Albañil.
-Es que este es moro-. Me aclara el dueño. –Como es el Ramadán. Pero luego a la noche, come de todo. Ahora, ni beber hace.
-¿Guardo la herramienta?
-Déjala ahí mismo. Robar no han de robar.


Vuelvo hasta el coche. Quedan en pie, junto a la  torre, pequeños almacenes. Unos se conservan bien. Otros ya están entre el decoro y la ruina. Componen retazos de paisaje de esos a los que la modernidad se acostumbró desde la aparición del cine y la fotografía: Cezannanianos, diría A.

20/7/14

De Carrión a Burguete






























Querido J.:

Ya sabes que el valor de los huesos reside en lo que se edifica para contenerlos. Una astilla da lugar a una iglesia. Las proporciones son a veces tan inversas que asustan. Aquí, en san Zoilo han extendido las telas en que vinieron envueltas las reliquias del santo y es un gusto verlas porque no es habitual encontrar tejidos tan antiguos en tan buen estado.

Me he acordado de ti viendo la tela azul: tiene una tamaño espectacular, más de 2x2 m con 36 águilas exployadas. Los cuellos de las aves que forman la primera fila están recorridos por una banda roja con un texto árabe escrito en amarillo. ¿Qué? ¿te suena? Estoy seguro. Mira qué dice laWikipedia.

A mí me recuerda además a la forma en la que se tejen las leyendas. Un poco de biblioteca, una tela amarilla, una máquina de coser y un paseo hasta las campas de Burguete en el momento adecuado. 


Dice José Luis Serna que la tela azul no envolvió los huesos de san Zoilo; tal vez proceda de alguno de los sepulcros condales. Más leyendas.



16/7/14

La casa y el rostro del juez Elí























De la ornamentación del claustro de san Zoilo, esta imagen de Elí, uno de los jueces de Israel. 40 años impartiendo justicia para terminar así, viejo, desdentado y ciego. Elí parece escuchar la profecía de Samuel a quien él mismo había enseñado en la fe desde niño. 

“Un hombre de Dios se presentó a Elí y le dijo: «Así habla el Señor: Yo me revelé a la familia de tu padre, cuando ellos estaban en Egipto, bajo el poder de la casa del Faraón. Elegí a tu padre entre todas las tribus de Israel, para que fuera mi sacerdote y subiera a mi altar, para que hiciera arder el incienso y llevara el efod en mi presencia. Y asigné a la familia de tu padre todas las ofrendas que hacen quemar los israelitas. ¿Por qué entonces pisotean mi sacrificio y mi ofrenda, que yo prescribí para mi Morada? ¿Por qué honras a tus hijos más que a mí, haciéndolos engordar con lo mejor de todas las ofrendas de mi pueblo Israel? Por eso, el Señor, el Dios de Israel, pronuncia este oráculo: Yo había dicho que tu familia caminaría siempre en mi presencia. Pero ahora –oráculo de Señor– ¡lejos de mí todo eso! Porque yo honro a los que me honran, pero los que me desprecian son humillados. Llegan los días en que amputaré tu brazo y el de la familia de tu padre, de manera que no habrá más ancianos en tu casa. Tú verás un rival en la Morada; y aunque todo le vaya bien a Israel, nunca habrá ancianos en tu casa. Sin embargo, mantendré a algunos de tus descendientes cerca de mi altar, para que se consuman tus ojos y se desgaste tu vida; pero todos los vástagos de tu casa morirán en la flor de la edad. Y te servirá de señal lo que les sucederá a tus hijos Jofní y Pinjás: ambos morirán el mismo día. En cambio, yo me suscitaré un sacerdote fiel, que obrará conforme a mi corazón y a mis deseos. Yo le edificaré una casa duradera, y él caminará en presencia de mi Ungido todos los días de su vida. Y todos los que subsistan de tu casa irán a postrarse delante de él por una moneda de plata y una miga de pan, y le dirán: Admíteme, por favor, a cualquiera de las funciones sacerdotales, para que tenga un pedazo de pan que comer»”.