“Durante la noche me despertó varias veces la misma pesadilla:
yo iba en un barco de vela como único tripulante; el viento me alejaba cada vez
más de la costa y, no sabiendo cómo maniobrar la embarcación para cambiar el
rumbo, optaba por lanzarme al agua con el propósito de alcanzar la orilla a
nado; una vez en el agua recordaba que no sabía nadar, pero ya era tarde para
rectificar; el barco se alejaba a gran velocidad y yo me hundía sin remedio
bajo la mirada sarcástica de las merluzas. Me desperté sudando, pero como no
creo en los presentimientos y menos aún en los augurios y de la interpretación
ortodoxa de los sueños solo sé que cualquier cosa tiene que ver con la picha,
opté por no dar al mío la menor importancia”.
El enredo de la bolsa y la vida
Eduardo Mendoza
ed. Seix Barral
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