1/7/07

Las casas de Kiefer

Y en cuanto a Kiefer, no estoy seguro. Para empezar esto de llamar “Monumenta” a la ocupación de la nave central del Grand Palais es un error. Se parece demasiado a “Documenta”.

Posiblemente Kiefer se enfrentaba a un doble problema de espacio. Si hubiera colocado solamente sus torres de hormigón, tal vez no habría habido cuestión, pero los cuadros necesitan un escarpia. La estructura de hierro del Grand Palais no es neutra en absoluto y tiende a imponerse. Sólo cuando cae la noche y todo se oscurece, desde los huecos de las “casas” construidas por Kiefer, la luz artificial marca el territorio diseñado por el artista.

De todas formas la obra sigue siendo la de un alemán pasado -consciente o inconscientemente- por el tamiz del Mediterráneo. Todo está lleno de referencias, de segundas lecturas, de intenciones que van más allá de la pintura, el plomo y el barro. Y la repetición le conviene. La colección de barcos, muchos de ellos de guerra, ajados, a punto de irse a pique, maltratados por la marejada, la idea dicha una y otra vez, no empequeñece el concepto. Lupetrz distinguía hace poco entre los pintores americanos y europeos precisamente por lo mecánico de las repeticiones de aquéllos (cosa que no es del todo cierta.) En el caso de Kiefer no lo es en absoluto.

La exposición resulta finalmente extraña, pero muy placentera si se toma con tiempo: es recomendable comprar las entradas en un Fnac y llegar antes de la puesta de sol. Hay una terraza interior desde la que puede contemplarse cómo el cielo se ennegrece hasta desaparecer entre la estructura de la cúpula. Entonces es el momento perfecto para ver la exposición. Jueves a domingo abierto de 12:00 a 24:00

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