10/6/07

Libretas

Sine Nobilitate. Snob. Sea, pero a mí me vienen bien. Ayer terminé una Moleskine y tengo por costumbre empezar la siguiente haciendo un resumen de la anterior. Eso relaja. Una libreta me dura mucho. Un año; tal vez más. Y todo ese tiempo me cabe en una cuartilla y media. Está bien. Te encuentras con notas casi ilegibles, con restaurantes en lugares lejanos, con sustos, con cuadros, con conversaciones. Había olvidado que debo 75,3 euros a cierta persona. Lo que no hay son agravios, ni listas negras. No es un diario. ¿Era Tolstoi el que llevaba tres al mismo tiempo?

Tengo siempre alguna libreta más de las que puedo usar. Los aficionados al papel me entenderán. Las compro en Muga y esta vez había novedades a las que no me he podido resistir: Moleskine ciudades. Libretas dedicadas a París, Roma o Nueva York, con un completo mapa, un callejero y listas para que su dueño rellene las direcciones de interés; los hoteles, los restaurantes, las galerías, un poco de todo. Tiene también unas hojitas de acetato adhesivas que permiten señalar puntos en el mapa sin estropearlo.

Creo que es la primera vez que escribo una entrada al estilo Píxel y Dixel.

3 comentarios:

  1. Anónimo11/6/07

    Yo también he sido fiel comprador de moleskines y, juraría, diablos, que también las descubrí en la misma Muga de Paulino Caballero.

    Hubo una vez en que hicimos una mudanza en mi antigua casa familiar. Ibamos a hacer un obrón, y tuvimos que sacar todos los muebles fuera de la casa, y sólo dejamos lo imprescindible. En mi cuarto sólo quedaba la cama, la mesilla y mi moleskine. Guardé el susodicho moleskine en un cajón de la mesilla y me olvidé de todo un poco, me olvidé incluso de que esa mesilla se la iban a llevar los traperos de Emaús, y que a saber qué harían con ella, hasta triturarla, con mi libreta en la se recogían vivencias de un año, así como ocurrencias pseudo-genialoides. Me acordé de este detalle a las cuatro a.m., y ya no pude pegar ojo. Dónde estaría mi libretita, en qué tipo de escombrera municipal de las moleskines. A las 7 llamé a un tipo al que debí sacar de la cama, y me indicó que fuera a la central, pero que no me aseguraba nada, que aquello podía estar, en efecto, triturado. Sentí entonces un leve desgarrado que me hizo pensar en lo horrible que debe ser perder un hijo, como pasa con toda creación propia de la que uno está más o menos orgulloso. Recuerdo que de aquellos montones de cajas que llené en aquella mudanza, no me importaría mucho que ardiera la mitad, pero no esas libretillas sagradas, testigas de mi biografía irregular.

    Logré rescatarla. De nuevo estaba en mis manos. Respiré tranquilo, estaba realmente agobiado, es curioso. Desde entonces, he descubierto unas Moleskine más delgadita, color café, que venden en librerías madrileñas como Pasajes. Sé que si pierdo una el dolor no será tan grave, y hasta me permito llevarlas en el bolsillo sin esa presión de "oh, cómo pierda la moleskine". Porque hay un momento en todo dueño de moleskine que acaba por dejar la libreta en casa, por miedo a perderla, y anotando las ideillas en diversos papeles que nunca conforman nada. Me suena, y con esto no digo nada, que Trapiello articula su monumental Salón de Pasos Perdidos basándones en ridículas libretillas de exiguo grosor, según Eduardo Nomeacuerdo en 'El ángel literario'.
    Saludos.

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  2. Anónimo13/6/07

    No existe Moleskine en Argentina. Tengo una de mi última estadía en España; sólo usé un cuarto. También me duran mucho. Esto de Moleskine ciudades me dio una terrible envidia.

    Un beso,

    Mercedes

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  3. Hola Mercedes:

    Dime cuál te apatece y te la mando a Buenos Aires. Ya conoces mi correo.

    Un beso.

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