21/6/07

Drouot

Drouot sigue teniendo un aire raído. El interior del edificio se niega la reforma. Justamente se ha habilitado una oficina para el embalaje de objetos y otra para el transporte. Nada más. Normalmente el comprador sale a la intemperie con el cuadro o el bronce debajo del brazo. Es la anti-grandeur, el relajo que permite al curioso o al profesional una actitud impensable en Christie’s o Sotheby’s. Al fondo, apoyados o directamente sentados sobre el soporte donde se exponían algunos objetos ya retirados, anticuarios dudosos charlan animadamente esperando que se subaste la pieza por la que se interesan. El Comisario chista entre y puja y puja sin conseguir apenas nada. El murmullo no se acalla hasta que aparece un buen guéridon. Se va haciendo el silencio camino de los dieciocho mil euros.

En una sala contigua una venta dedicada al arte asiático congrega a numerosos orientales desosos de llevarse a casa algo que les identifique con su raíces. Hay un par de bustos graciosos que salen a un precio asequible. Lo intento sin éxito, al tiempo que hago pagar a otro unos cuantos euros más por cada uno de ellos. Finalmente, en un rapto de subastodopatía (el corrector de word no lo subraya en rojo) me hago con deux drapeaux rectangulaires en rouge et bleu à décor de calligraphies chine, creyendo que se trataba de dos pañuelos de cuello para mujer.

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