Recuerdo ahora que llevé a la relojería del padre de J.M. Corral un Rolex más falso que el flequillo del Dioni. Le faltaba un pasador y quería lucirlo en una boda para tirarme el moco. El relojero lo sopesó y haciendo un gesto afirmativo con la cabeza me dijo:- Buen reloj. Sí señor. Si le acierta a alguien en la cabeza podría dejarle seco.
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