19/3/05

El cuerpo de Joanna

Es como si el subconsciente del conservador del Orsay le haya llevado a instalar el origen del mundo en la planta baja y junto a una puerta de emergencia. Estoy seguro de que sigue siendo un cuadro tan provocador como para su primer dueño, el embajador turco Jalil Bey y para sus sucesivos compradores: un barítono, un marchante, un prefecto, una tal señorita Vial y la mujer de Lacan, entre otros. Tal vez por razones o miradas distintas, pero siempre provocador al fin. El cuerpo es el de Joanna Hiffernan, amante del pintor. Tal vez esto sea lo de menos o tal vez no. Conocer el nombre de quien se deja retratar así no es una tontería. Joanna tiene que tumbarse sobre ¿una mesa? y permanecer durante horas en una postura que puede calificarse de muchas maneras: humillante, desafiante, desvergonzada, rentable. ¿Cómo se veía el cuadro en 1865? ¿Cómo se ve ahora? Joanna no es un modelo actual de belleza, no invita al sexo al menos de una manera directa. Parece, quizás por el paso de los años o por el propio título (no se llamó así hasta 1935), más una diosa relacionada con la maternidad que con la sexualidad, o al menos con ambas cosas a la vez.
El embajador turco tuvo escondido el cuadro tras una cortina en su cuarto de baño; el conservador del Museo d`Orsay lo ha colocado junto a una salida de emergencia. Es más creo que cerca hay un extintor.

5 comentarios:

  1. El origen del mundo. Cierto. Lacan lo sacó del agujero en 1955. Su mujer, por cierto, había sido antes la mujer de George Bataille. El erotismo. En su día, los hermanso Goncourt habían dicho del cuadro que lo encontraban "bello, como la carne de un Correggio. Maxime Du Camp dijo que era una basura digna de ilustrar las obras del marqués de Sade. Originalmente el cuadro estaba recubieto de un panel de madera sobre el que estaba pintado un paisaje destinado a enmascarar el erotismo, considerado aterrador, de aquel sexo en estado bruto. Sylcvia -mujer dd Lacan-también optó por enmascraralo. Pidió a André Masson que confeccionara un nuevo escondite. Un sistema secreto permitía descubrir la obra de Coubert, que la mayor parte del tiempo quedaba disimulada por un panel.

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  2. Anónimo20/3/05

    Sí, pero esto no resuelve la cuestión: el asunto es si hay una diferencia en la mirada. Cómo se ve hoy el cuerpo de la modelo. Parece ser cierto que hoy no pude causar un deseo inmediato. ¿O sí? ¿Qué hay más en este cuadro hoy? sensualidad, irreverencia, incomodidad?

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  3. La contemplación del sexo femenino produce horror. La historia del escondite, el panel etc puede tal vez confirmarlo. He recordado un pequeño artículo de Freud titulado "La cabeza de Medusa" que viene al caso. La horripilante cabeza d medusa decapitada, comno representación de los genitales femeninos. La visón de la cabeza de medusa, en la mitología, paraliza a quien la contempla. El texto de Freud es tardío, de 1940. Freud siempre mantuvo su convición en el pánico a la castración. Castración es no poder con todo. El sexo abierto del cuadro es la entrada del metro, el despeñadero de la muerte.
    Gracias a Passy.

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  4. Anónimo24/3/05

    Evitaría tener que vover a hablar de Freud, Lacan, Sade, Bataille... siempre que veamos el coño del mundo. Courbet que, como sabemos, tenía especial habilidad en sorprender a muchachas desprevenidas para tantearse el coulotte, tuvo un ataque desordenado de sicalipsis y pintó irremediablemente lo que un profesional de la mirada está condenado a hacer: el lugar estratégico que une todas las curvas de une femme: coño, pelo, muslo, tetita, pezón y su camino inverso, poderosas carnes y matizados colores que gimen solo de verlos en la paleta.
    Cada vez que posiciono a una de mis amantes en ese tipo de escorzo, previa a la introducción, recuerdo más a la res desollada de Rembrandt que a tío Sigmund,; yo descargo, ellas se agitan y nos ahorramos el psicólogo.

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  5. En cuanto a la última entrada: tiene una aire tal de verosimilitud, de realidad, que recuerda a Wittgenstein: "Lo que siquiera puede ser dicho, puede ser dicho claramente; y de lo que no se puede hablar hay que callar." y aún más: "Nada se pierde por no esforzarse en expresar lo inexpresable."

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